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Conferencia Interparlamentaria: “Perspectiva Parlamentaria del Derecho Internacional Humanitario”

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BUENOS AIRES, ARGENTINA, 5 Y 6 DE JUNIO DE 2008 PALABRAS DEL PRESIDENTE DEL PARLAMENTO LATINOAMERICANO SENADOR JORGE PIZARRO, EN LA CEREMONIA INAUGURAL
La humanidad vive un momento que creo poder afirmar, sin temor a equivocarme, está signado por la violencia, en todas sus manifestaciones y con las más diversas motivaciones, desde económicas hasta culturales. Nada más oportuno, entonces, que la realización de esta Conferencia Interparlamentaria sobre el Derecho Internacional Humanitario, definido como el “conjunto de normas que, en tiempo de guerra, protege a las personas que no participan en las hostilidades o que han dejado de hacerlo. Su principal objetivo es limitar y evitar el sufrimiento humano en tiempo de conflicto armado”. 1

La preocupación reciente por dar respuestas institucionalizadas y con un compromiso real de los Estados al grave problema de los conflictos armados y la necesidad de proteger a las personas que no participan en las hostilidades, viene desde 1949 con la suscripción de los Convenios de Ginebra, que posteriormente se han perfeccionado y ampliado con diversos protocolos y nuevos acuerdos. Desde entonces y a pesar de esos esfuerzos, no hemos visto que disminuya sensiblemente la cantidad, intensidad y extensión geográfica de los conflictos. Al contrario, ha habido momentos en que éstos han cobrado dimensiones realmente pavorosas. La dinámica internacional que campea hoy en el planeta, denominada “globalización” tampoco ha significado un paliativo y, menos aún, una solución a este grave problema.

La existencia de acuerdos internacionales en la materia, con seguridad significa un freno a estos fenómenos, pero también se ha mostrado insuficiente para superarlos, tanto por la reticencia de ciertos países en suscribir o ratificar algunos de dichos instrumentos, como por el hecho de que son frecuentemente contravenidos por los signatarios. Ello a pesar de que está claramente estipulado en los tratados de Derecho Internacional Humanitario, que las normas en ellos contenidas deben ser respetadas “no sólo por los Gobiernos y sus fuerzas armadas, sino también por grupos armados de oposición y por cualquier otra parte en un conflicto.” 2

Es necesario reconocer que el Derecho Internacional Humanitario, con el correr de los años y con el enriquecimiento que ha tenido a través de las propias experiencias de su aplicación, ya ha creado un respetable cuerpo de doctrina. Pero su eficacia depende no sólo de su solidez interna, sino de que su práctica se realice en articulación con otras estrategias, especialmente las relacionadas con el combate a la pobreza, la búsqueda de la equidad, el respeto a los derechos humanos y a la naturaleza, la educación de calidad y para todos, y el imperio de una verdadera democracia en los Estados. En este sentido resulta muy claro el nexo que tiene con los Objetivos del Milenio, en cuya consecución la mayoría de las naciones del mundo se comprometió a trabajar, hasta ahora con resultados que, desafortunadamente, están muy por debajo de los originalmente estimados.

Evidentemente, los organismos que han orientado sus esfuerzos en el sentido de lograr que el Derecho Internacional Humanitario sea respetado y prevalezca, son conscientes de la necesidad de esta articulación con otras líneas de acción. En síntesis, se trata no sólo de que en el ámbito de los conflictos se proteja a las personas que no participan en ellos, sino de que los propios conflictos armados desaparezcan de la faz de la tierra como una opción, por cierto ominosa, para resolver cualquier tipo de diferencia.

El Parlatino ha expresado ya en otras ocasiones que cuando hablamos de paz tenemos que dejar de lado algunos de los recursos que suelen utilizarse para definir un término: ni por sinónimos (tranquilidad, sosiego, calma), ni por opuestos (lo contrario de la guerra, ausencia de violencia), sino que tenemos que acudir a una concepción amplia y dinámica que abarca una visión cultural, socioeconómica y política de la realidad. No se trata sólo, como ya se dijo, de una situación global en la que no hay guerras, pues donde quiera que existan manifestaciones de violencia de cualquier tipo, la paz está afectada; y debemos recordar que la violencia no sólo se expresa de manera activa, en las guerras y los conflictos de todo tipo, sino que también existe una violencia pasiva, a veces menos notoria pero no por ello menos terrible, que se presenta de las más variadas formas: en la pobreza, la exclusión y el hambre; en el desempleo y el analfabetismo; en la discriminación racial, religiosa, de género o de cualquier otra índole; en las violaciones a los derechos humanos; en la intolerancia; en las agresiones a la naturaleza.

Tomando en cuenta, por una parte que el concepto de paz hace referencia a un valor ético de vigencia universal, y, por otra, que vivimos en un mundo globalizado, en donde cada vez las realidades aparentemente más lejanas –geográfica y culturalmente– están estrechamente interrelacionadas, podríamos afirmar que sólo se puede hablar de una verdadera paz, cuando ésta sea la condición que impere en todo el planeta. 3

El Parlamento Latinoamericano, tanto en la declaración de sus principios y propósitos, como en la constitución de sus comisiones y en los planes, programas, proyectos y actividades que desarrolla, fundamenta su acción en las concepciones mencionadas.

Aun cuando todos los principios y propósitos del Organismo apuntan en la dirección indicada, considero oportuno destacar aquel que, en forma clara y expresa, declara que una de las finalidades esenciales del PARLATINO es “contribuir a la afirmación de la paz, la seguridad y el orden jurídico internacionales y luchar por el desarme mundial, denunciando y combatiendo el armamentismo y la agresión de quienes sustenten la política de la fuerza, que son incompatibles con el desarrollo económico, social, cultural y tecnológico a que tienen derecho los pueblos de América Latina”. La realización de la Conferencia que hoy se inicia es, pues, una iniciativa perfectamente coherente con el marco doctrinal que anima a toda nuestra acción institucional.

Por parte de diversos sectores de la sociedad quizá no se ha llegado aún a reconocer en toda su enorme magnitud, la responsabilidad que les cabe a los Parlamentos y a las organizaciones interparlamentarias en este cometido que es vital para el futuro de la humanidad.

Las variadas y complejas funciones parlamentarias, suelen presentarse, ya de forma convencional, como abarcando las acciones de legislar, fiscalizar y debatir los grandes problemas de la sociedad, con el fin de hallar los mejores cursos de acción para lograr los objetivos de los Estados nacionales y de la comunidad de Estados. Diversas posturas establecen que las funciones parlamentarias van mucho más allá; pero aun si sólo fuesen las mencionadas, ellas de por sí plantean un marco de acción a la vez vasto, complejo y de una elevadísima responsabilidad. Si estas tareas se cumplieran a cabalidad, en este caso en la esfera del Derecho Internacional Humanitario, y, más aún, en medio de una acción mancomunada e integrada de los países, con seguridad que significaría grandes y positivos cambios en el escenario económico y sociocultural de la región y del mundo.

No puedo dejar de mencionar de manera muy especial al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), entidad que a lo largo de su historia, muy a menudo de manera heroica, ha venido trabajando incansablemente en la búsqueda no solo de la real vigencia del Derecho Internacional Humanitario, sino de la paz en su concepción más amplia. Agradezco inmensamente la presencia de sus representantes en esta reunión y les ratifico la mejor disposición del Parlamento Latinoamericano para contribuir con todos los medios a su alcance, a los nobles objetivos que esa organización persigue.

Un especial reconocimiento al Honorable Congreso de la Nación Argentina, no sólo por su ya característica hospitalidad, sino por su gran contribución para que esta reunión sea hoy una realidad. A nuestra Secretaria General, Senadora Sonia Escudero, le expreso nuestra profunda gratitud por su papel protagónico en esta importantísima iniciativa, manifestación que hago extensiva a los conferencistas que nos acompañarán, por la gentileza que han tenido de venir a compartir generosamente con nosotros sus conocimientos y experiencias, dando así una contribución definitiva al éxito del evento.

También quiero agradecer al equipo institucional del PARLATINO por su aporte eficiente a la organización del evento y en general por su trabajo permanente en todos los ámbitos de la actividad institucional. Equipo que labora en nuestra Sede Permanente en la Ciudad de Panamá, motivo por el cual quiero hacer propicia esta oportunidad para expresar una vez más a la Asamblea Nacional de Panamá y al Gobierno de ese país, el más sincero reconocimiento del Parlamento Latinoamericano, tanto por su invitación a que constituyamos allí nuestro centro de operaciones, como por el apoyo decidido y constante que viene dando para que nuestro Organismo funcione en óptimas condiciones.

Quienes hacen posible la realización de estos eventos y, más que todo, quienes le dan trascendencia, por incorporar en su trabajo cotidiano las resoluciones adoptadas y los conocimientos adquiridos, son ustedes, distinguidos participantes en la Conferencia. Les agradecemos mucho por su presencia, que tanto nos honra. Tengo confianza en que, por la importancia de los temas que serán tratados y por el esfuerzo organizativo realizado, este evento les será útil y satisfactorio. Mis sinceros votos porque así sean.

Muchas gracias

Senador Jorge Pizarro
Presidente del Parlamento Latinoamericano


NOTAS

1Tomado de la página oficial del Comité Internacional de la Cruz Roja en Internet:
http://www.icrc.org/spa/sitespa0.nsf/iwpList2/Humanitarian_law?OpenDocument

2
Tomado de la misma fuente.

3Los dos párrafos anteriores han sido tomados de: Los Temas de la Paz y el Desarrollo en la perspectiva del Parlamento Latinoamericano. Ponencia del PARLATINO en la Conferencia Internacional Sobre la Paz y el Desarrollo, San Juan, Puerto Rico, 12 al 14 de agosto de 2002.
 
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