Señor Presidente, Señores Presidentes de Parlamentos
Dirijo estas palabras a Ustedes en mi doble calidad de Presidente del Senado de Chile y Presidente del Parlamento Latinoamericano.
Esta Tercera Cumbre Mundial de Presidentes de Parlamentos del mundo nos ha convocado a reflexionar sobre la calidad de la Democracia, en un contexto extremadamente complejo. La Política y la Sociabilidad pierden terreno; se acentúa progresivamente el deterioro de la imagen pública de las instituciones representativas y de los Parlamentarios, y la percepción ciudadana del propio sistema democrático está claramente debilitada, por decirlo en términos elegantes.
En el continente Latinoamericano, reiterados estudios de opinión realizados por una corporación independiente, en 17 países, ha evidenciado reiterada y progresivamente la poca confianza que los ciudadanos tienen en las instituciones democráticas y en la acción política: solo el 48% de los encuestados cree que la democracia es el mejor sistema de gobierno. Cifras muy elocuentes que con matices se reproducen en los demás continentes.
Este fenómeno que comenzó siendo preocupante, hoy alcanza dimensiones críticas, por lo que los líderes políticos y muy especialmente los presidentes de los parlamentos nacionales y regionales debemos actuar. Empleo el término “actuar”, pues a estas alturas, de poco sirven las declaraciones de intenciones con agudo lenguaje académico o los encendidos discursos pródigos en adjetivos. Es el momento de dar vida a un proceso de reencantamiento, compromiso y participación dinámica de los ciudadanos con y en sus instituciones.
Este proceso debe comenzar por asegurar la legitimidad y representatividad de los Parlamentos, hoy puesta en cuestión por sistemas Electorales excluyentes y por una baja participación en los procesos Electorales. Es menester trabajar para generar normas legales que garanticen un sistema Electoral auténticamente competitivo, inclusivo y que, en consecuencia, represente lo más fielmente las sensibilidades Políticas, Étnicas, Geográficas y Sociales de cada país.
En segundo lugar, debemos trabajar para que la ciudadanía se sienta auténticamente identificada y partícipe del proceso legislativo. No solo debemos escuchar las demandas de la sociedad civil, sino darles eficacia jurídica, a través de normas claras, entendibles y que aludan a las preocupaciones concretas de la gente; legislar con perspectiva de presente y futuro, con transparencia, y en los grandes temas Político-Sociales, como Derechos Humanos, Medio Ambiente, Crimen Organizado, Recursos Naturales no Renovables, etc., legislar con perspectiva y eficacia supranacional. En tal sentido, el Parlamento Latinoamericano, con la cooperación de los Parlamentos Nacionales del continente ha trabajado las denominadas “Leyes Marco”, como un aporte a la homogenización legislativa en tópicos de preocupación común.
En tercer término, debemos enfrentar un tema central en la generación de confianza por parte de las autoridades democráticas. Es un tópico delicado, respecto del que nadie puede apropiarse o dictar cátedra, pero que estamos obligados a ponerlo sobre la mesa. Es la transparencia, la ética, la moral pública. Más allá de Políticas institucionales puntuales, como la creación de Comisiones de ética en los Parlamentos Nacionales, me parece que debemos apuntar hacia una voluntad colectiva y personal de transparentar nuestra acción pública.
Coherencia entre el discurso y la acción; cumplimiento de los programas Políticos de campaña; Responsabilidad Social a la hora de legislar; capacidad de permanente autocrítica; transparencia en los procedimientos legislativos y administrativos. 5 elementos que se nos ocurren básicos para enfrentar este delicado tema, que constituye una amenaza permanente a la imagen de los Parlamentos y los Parlamentarios.
Un cuarto aspecto que planteo ante ustedes es la adecuada inserción internacional de los Parlamentos. Esta debiera ser Eficaz, Eficiente y Dinámica. Un multilateralismo moderno y operativo admite la coexistencia de un Organismo de Carácter Universal, como es la Unión Interparlamentaria, con Parlamentos Regionales, dotados de facultades y atribuciones específicas. Percibimos que la opinión pública mundial no capta los beneficios que pudiera rendir una profusión interminable de grupos internacionales de Parlamentarios del más diverso origen y con los más nobles objetivos. Creemos más bien, que resulta apropiado aunar esfuerzos y dar cabida a todas las ideas e inquietudes, por medio de un número limitado y poderoso de Organizaciones Parlamentarias Supranacionales, dotadas de amplio prestigio y solidez institucional.
Por último, no quiero dejar pasar esta ocasión para rechazar de manera firme y resuelta la denominada Ley Arizona, que violenta los Derechos Humanos de los Migrantes, los criminaliza y condena a priori".
He venido hoy a esta tribuna, a entregar ideas y propuestas, con voluntad sincera y vocación de diálogo, características muy propias de los Chilenos y de los Latinoamericanos, que son pueblos forjados en la adversidad y animados en la esperanza.
Muchas gracias.







